CAPÍTULO 1
LA VIDA
Aunque parezca increíble, es muy cierto y de
toda verdad, que ésta tan cacareada civilización moderna es espantosamente fea,
no reúne las características trascendentales del sentido estético, está
desprovista de belleza interior.
Es mucho lo que presumimos con esos
horripilantes edificios de siempre, que parecen verdaderas ratoneras.
El mundo se ha vuelto tremendamente aburridor,
las mismas calles de siempre y las viviendas horripilantes por doquier.
Todo esto se ha tornado cansón, en el Norte y en
el Sur, en el Este y en el Oeste del Mundo.
Es el mismo uniforme de siempre: horripilante,
nauseabundo, estéril. ¡Modernismo!, exclaman las multitudes.
Parecemos verdaderos pavos vanidosos con el
traje que cargamos y con los zapatos muy brillantes, aunque por aquí, por allá y
acullá circulen millones de infelices hambrientos desnutridos, miserables.
La sencillez y belleza natural, espontánea,
ingenua, desprovista de artificios y pinturas vanidosas, ha desaparecido en el
Sexo Femenino. Ahora somos modernos, así es la vida.
Las gentes se han vuelto espantosamente crueles:
la caridad se ha resfriado, ya nadie se apiada de nadie.
Las vitrinas o aparadores de los lujosos
almacenes resplandecen con lujosas mercaderías que definitivamente están fuera
del alcance de los infelices.
Lo único que pueden hacer los Parias de la vida
es contemplar sedas y joyas, perfumes de lujosos frascos y paraguas para los
aguaceros; ver sin poder tocar, suplicio semejante al del Tántalo.
Las gentes de estos tiempos modernos se han
tornado demasiado groseras: el perfume de la amistad y la fragancia de la
sinceridad han desaparecido radicalmente.
Gimen las muchedumbres sobrecargadas de
impuestos; todo el mundo está en problemas, nos deben y debemos; nos enjuician y
no tenemos con qué pagar, las preocupaciones despedazan cerebros, nadie vive
tranquilo.
Los burócratas con la curva de la felicidad en
sus vientres y un buen cigarro en la boca, en el que psicológicamente se apoyan,
juegan malabares políticos con la mente sin importarles un comino el dolor de
los pueblos.
Nadie es feliz por estos tiempos y menos la
clase media, ésta se encuentra entre la espada y la pared.
Ricos y pobres, creyentes y descreídos,
comerciantes y mendigos, zapateros y hojalateros, viven porque tienen que vivir,
ahogan en vino sus torturas y hasta se convierten en drogadictos para escapar de
sí mismos.
Las gentes se tornaron maliciosas, recelosas,
desconfiadas, astutas, perversas; ya nadie cree en nadie; se inventan
diariamente nuevas condiciones, certificados, cortapisas de todo género,
documentos, credenciales, etc., y de todas maneras nada de eso sirve ya, los
astutos se burlan de todas estas tonterías: no pagan, esquivan la ley aunque les
toque ir con sus huesos a la cárcel.
Ningún empleo da felicidad; el sentido del
verdadero amor se ha perdido y las gentes se casan hoy y se divorcian mañana.
La unidad de los hogares se ha perdido
lamentablemente, la vergüenza orgánica ya no existe, el lesbianismo y el
homosexualismo se han vuelto más comunes que lavarse las manos.
Saber algo sobre todo esto, tratar de conocer la
causa de tanta podredumbre, inquirir, buscar, es ciertamente lo que nos
proponemos en este libro.
Estoy hablando en el lenguaje de la vida
práctica, deseoso de saber qué es lo que se esconde tras esa máscara
horripilante de la existencia.
Estoy pensando en voz alta y que digan los
bribones del intelecto lo que les venga en gana.
Las teorías ya se volvieron cansonas y hasta se
venden y revenden en el mercado. ¿Entonces qué?
Las teorías sólo sirven para ocasionarnos
preocupaciones y amargarnos más la vida.
Con justa razón dijo Goethe: "Toda teoría es
gris y sólo es verde el árbol de doradas frutas que es la vida"...
Ya las pobres gentes se cansaron con tantas
teorías, ahora se habla mucho sobre practicismo, necesitamos ser prácticos y
conocer realmente las causas de nuestros sufrimientos.