CAPÍTULO 4
LA LIBERTAD
El sentido de la Libertad es algo que aún no ha
sido entendido por la Humanidad.
Sobre el concepto Libertad, planteado siempre en
forma más o menos equivocada, se han cometido gravísimos errores.
Ciertamente se pelea por una palabra, se sacan
deducciones absurdas, se cometen atropellos de toda especie y se derrama sangre
en los campos de batalla.
La palabra Libertad es fascinante, a todo el
mundo le gusta, sin embargo, no se tiene verdadera comprensión sobre la misma,
existe confusión en relación con esta palabra.
No es posible encontrar una docena de personas
que definan la palabra Libertad en la misma forma y del mismo modo.
El término Libertad, en modo alguno sería
comprensible para el racionalismo subjetivo.
Cada cual tiene sobre este término ideas
diferentes: opiniones subjetivas de las gentes desprovistas de toda realidad
objetiva.
Al plantearse la cuestión Libertad, existe
incoherencia, vaguedad, incongruencia en cada mente.
Estoy seguro que ni siquiera Don Emmanuel Kant,
el autor de la Crítica de la Razón Pura, y de la Crítica de la Razón Práctica,
jamás analizó esta palabra para darle el sentido exacto.
Libertad, hermosa palabra, bello término: ¡Cuántos
crímenes se han cometido en su nombre!
Incuestionablemente, el término Libertad ha
hipnotizado a las muchedumbres; las montañas y los valles, los ríos y los mares
se han teñido con sangre al conjuro de esta mágica palabra.
Cuántas banderas, cuánta sangre y cuántos héroes
han sucedido en el curso de la Historia, cada vez que sobre el tapete de la vida
se ha puesto la cuestión Libertad.
Desafortunadamente, después de toda
independencia a tan alto precio lograda, continúa dentro de cada persona la
esclavitud.
¿Quién es libre?, ¿Quién ha logrado la famosa
libertad?, ¿Cuántos se han emancipado?, ¡ay, ay, ay!
El adolescente anhela libertad; parece increíble
que muchas veces teniendo pan, abrigo, y refugio, se quiera huir de la casa
paterna en busca de libertad.
Resulta incongruente que el jovencito que tiene
todo en casa, quiera evadirse, huir, alejarse de su morada, fascinado por el
término libertad. Es extraño que gozando de toda clase de comodidades en hogar
dichoso, se quiera perder lo que se tiene, para viajar por esas tierras del
mundo y sumergirse en el dolor.
Que el desventurado, el paria de la vida, el
mendigo, anhele de verdad alejarse de la casucha, de la choza, con el propósito
de obtener algún cambio mejor, resulta correcto; pero que el niño bien, el nene
de mamá, busque escapatoria, huida, resulta incongruente y hasta absurdo; empero
esto es así; la palabra Libertad, fascina, hechiza, aunque nadie sepa definirla
en forma precisa.
Que la doncella quiera libertad, que anhele
cambiar de casa, que desee casarse para escapar del hogar paterno y vivir una
vida mejor, resulta en parte lógico, porque ella tiene derecho a ser madre; sin
embargo, ya en vida de esposa, encuentra que no es libre, y con resignación ha
de seguir cargando las cadenas de la esclavitud.
El empleado, cansado de tantos reglamentos,
quiere verse libre, y si consigue independizarse se encuentra con el problema
que continúa siendo esclavo de sus propios intereses y preocupaciones.
Ciertamente, cada vez que se lucha por la
Libertad, nos encontramos defraudados a pesar de las victorias.
Tanta sangre derramada inútilmente en nombre de
la Libertad, y sin embargo continuamos siendo esclavos de sí mismos y de los
demás.
Las gentes se pelean por palabras que nunca
entienden, aunque los diccionarios las expliquen gramaticalmente.
La Libertad es algo que hay que conseguir dentro
de sí mismo. Nadie puede lograrla fuera de sí mismo.
Cabalgar por el aire es una frase muy oriental
que alegoriza el sentido de la genuina Libertad.
Nadie podría en realidad experimentar la
Libertad en tanto su conciencia continúe embotellada en el sí mismo, en el mí
mismo.
Comprender este yo mismo, mi persona, lo que yo
soy, es urgente cuando se quiere muy sinceramente conseguir la Libertad.
En modo alguno podríamos destruir los grilletes
de la esclavitud sin haber comprendido previamente toda esta cuestión mía, todo
esto que atañe al yo, al mí mismo.
¿En qué consiste la esclavitud?, ¿Qué es esto
que nos mantiene esclavos?, ¿Cuáles son estas trabas?, todo esto es lo que
necesitamos descubrir.
Ricos y pobres, creyentes y descreídos, están
todos formalmente presos aunque se consideren libres.
En tanto la conciencia, la esencia, lo más digno
y decente que tenemos en nuestro interior, continúe embotellada en el sí mismo,
en el mí mismo, en el yo mismo, en mis apetencias y temores, en mis deseos y
pasiones, en mis preocupaciones y violencias, en mis defectos psicológicos; se
estará en formal prisión.
El sentido de Libertad sólo puede ser
comprendido íntegramente cuando han sido aniquilados los grilletes de nuestra
propia cárcel psicológica.
Mientras el "yo mismo" exista la conciencia
estará en prisión; evadirse de la cárcel sólo es posible mediante la
aniquilación budista, disolviendo el yo, reduciéndolo a cenizas, a polvareda
cósmica.
La conciencia libre, desprovista de yo, en
ausencia absoluta del mí mismo, sin deseos, sin pasiones, sin apetencias ni
temores, experimenta en forma directa la verdadera Libertad.
Cualquier concepto sobre Libertad no es
Libertad. Las opiniones que nos formemos sobre la Libertad distan mucho de ser
la Realidad. Las ideas que nos forjemos sobre el tema Libertad, nada tienen que
ver con la auténtica Libertad.
La Libertad es algo que tenemos que experimentar
en forma directa, y esto sólo es posible muriendo psicológicamente, disolviendo
el yo, acabando para siempre con el mí mismo.
De nada serviría continuar soñando con la
Libertad, si de todas maneras proseguimos como esclavos.
Más vale vernos a sí mismos tal cual somos,
observar cuidadosamente todos estos grilletes de la esclavitud que nos mantienen
en formal prisión.
Auto-conociéndonos, viendo lo que somos
interiormente, descubriremos la puerta de la auténtica Libertad.