CAPÍTULO 11
LAS TINIEBLAS
Uno de los problemas más difíciles de nuestra
época ciertamente viene a ser el intrincado laberinto de las teorías.
Indubitablemente, por estos tiempos se han
multiplicado exorbitantemente por aquí, por allá y acullá las escuelas
seudo-esoteristas y seudo-ocultistas.
La mercadería de almas, de libros y teorías es
pavorosa, raro es aquel que entre la telaraña de tantas ideas contradictorias
logre en verdad hallar el camino secreto.
Lo más grave de todo esto es la fascinación
intelectiva; existe la tendencia a nutrirse estrictamente en forma intelectual
con todo lo que llega a la mente.
Los vagabundos del intelecto ya no se contentan
con toda esa librería subjetiva y de tipo general que abunda en los mercados de
libros, sino que ahora y para colmo de los colmos, también se atiborran e
indigestan con el seudo-esoterismo y seudo-ocultismo barato que abunda por
doquiera como la mala hierba.
El resultado de todas estas jergas es la
confusión y desorientación manifiesta de los bribones del intelecto.
Constantemente recibo cartas y libros de toda
especie; los remitentes como siempre interrogándome sobre ésta o aquella escuela,
sobre tal o cual libro, yo me limito a contestar lo siguiente: Deje Ud. la
ociosidad mental; a Ud. no tiene porqué importarle la vida ajena, desintegre el
yo animal de la curiosidad, a Ud. no deben importarle las escuelas ajenas,
vuélvase serio, conózcase a sí mismo, estúdiese a sí mismo, obsérvese a sí mismo,
etc., etc., etc.
Realmente lo importante es conocerse a sí mismo
profundamente en todos los niveles de la mente.
Las tinieblas son la inconsciencia; la luz es la
conciencia; debemos permitir que la luz penetre en nuestras tinieblas;
obviamente la luz tiene poder para vencer a las tinieblas.
Desgraciadamente las gentes se encuentran auto-encerradas
dentro del ambiente fétido e inmundo de su propia mente, adorando a su querido
Ego.
No quieren darse cuenta las gentes de que no son
dueños de su propia vida, ciertamente cada persona está controlada desde adentro
por muchas otras personas, quiero referirme en forma enfática a toda esa
multiplicidad de yoes que llevamos dentro.
Ostensiblemente cada uno de esos yoes pone en
nuestra mente lo que debemos pensar, en nuestra boca lo que debemos decir, en el
corazón lo que debemos sentir, etc.
En estas condiciones la humana personalidad no
es más que un robot gobernado por distintas personas que se disputan la
supremacía y que aspiran al supremo control de los centros capitales de la
máquina orgánica.
En nombre de la verdad hemos de afirmar
solemnemente que el pobre animal intelectual equivocadamente llamado hombre
aunque se crea muy equilibrado vive en un desequilibrio psicológico completo.
El mamífero intelectual en modo alguno es
unilateral, si lo fuera sería equilibrado.
El animal intelectual es desgraciadamente
multilateral y eso está demostrado hasta la saciedad.
¿Cómo podría ser equilibrado el humanoide
racional? Para que exista equilibrio perfecto se necesita de la conciencia
despierta.
Solo la luz de la conciencia dirigida no desde
de los ángulos sino en forma plena central sobre nosotros mismos, puede acabar
con los contrastes, con las contradicciones psicológicas y establecer en
nosotros el verdadero equilibrio interior.
Si disolvemos todo ese conjunto de yoes que en
nuestro interior llevamos, viene el despertar de la conciencia y como secuencia
o corolario el equilibrio verdadero de nuestra propia psiquis.
Desafortunadamente no quieren darse cuenta las
gentes de la inconsciencia en que viven; duermen profundamente.
Si las gentes estuvieran despiertas, cada cual
sentiría a sus prójimos en sí mismos.
Si las gentes estuvieran despiertas, nuestros
prójimos nos sentirían en su interior.
Entonces obviamente las guerras no existirían y
la tierra entera sería en verdad un paraíso.
La luz de la conciencia, dándonos verdadero
equilibrio psicológico, viene a establecer cada cosa en su lugar, y lo que antes
entraba en conflicto íntimo con nosotros, de hecho queda en su sitio adecuado.
Es tal la inconsciencia de las multitudes que ni
siquiera son capaces de encontrar la relación existente entre luz y conciencia.
Incuestionablemente luz y conciencia son dos
aspectos de lo mismo; donde hay luz hay conciencia.
La inconsciencia es tinieblas y éstas últimas
existen en nuestro interior.
Solo mediante la auto-observación psicológica
permitimos que la luz penetre en nuestras propias tinieblas.
"La luz vino a las tinieblas pero las tinieblas
no la comprendieron".