CAPÍTULO 18
EL PAÍS PSICOLÓGICO
Incuestionablemente, así como existe el País
Exterior en el cual vivimos, así también en nuestra intimidad existe el país
psicológico.
Las gentes no ignoran jamás la ciudad o la
comarca donde viven, desafortunadamente sucede que desconocen en el lugar
psicológico donde se hallan ubicadas.
En un instante dado, cualquiera sabe en qué
barrio o colonia se encuentra, mas en el terreno psicológico no sucede lo mismo,
normalmente las gentes ni remotamente sospechan en un momento dado el lugar de
su país psicológico en donde se han metido.
Así como en el mundo físico existen colonias de
gentes decentes y cultas, así también sucede en la comarca psicológica de cada
uno de nosotros; no hay duda de que existen colonias muy elegantes y hermosas.
Así como en el mundo físico hay colonias o
barrios con callejuelas peligrosísimas, llenas de asaltantes, así también sucede
lo mismo en la comarca psicológica de nuestro interior.
Todo depende de la clase de gente que nos
acompañe; si tenemos amigos borrachos iremos a parar a la cantina, y si estos
últimos son calaveras, indubitablemente nuestro destino estará en los
prostíbulos.
Dentro de nuestro país psicológico cada cual
tiene sus acompañantes, sus YOES, éstos lo llevarán a uno a donde deben llevarlo
de acuerdo con sus características psicológicas.
Una dama virtuosa y honorable, magnífica esposa,
de conducta ejemplar, viviendo en una hermosa mansión en el mundo físico, debido
a sus YOES lujuriosos podría estar ubicada en antros de prostitución dentro de
su país psicológico.
Un caballero honorable, de honradez intachable,
magnífico ciudadano, podría dentro de su comarca psicológica encontrarse ubicado
en una cueva de ladrones, debido a sus pésimos acompañantes, YOES del robo, muy
sumergidos dentro del inconsciente.
Un anacoreta y penitente, posiblemente un monje
así viviendo austero dentro de su celda, en algún monasterio, podría
psicológicamente encontrarse ubicado en una colonia de asesinos, pistoleros,
atracadores, drogadictos, debido precisamente a YOES infraconscientes o
inconscientes, sumergidos profundamente dentro de los recovecos más difíciles de
su psiquis.
Por algo se nos ha dicho que hay mucha virtud en
los malvados y que hay mucha maldad en los virtuosos.
Muchos santos canonizados aún viven todavía
dentro de los antros psicológicos del robo o en casas de prostitución.
Esto que estamos afirmando en forma enfática
podría escandalizar a los mojigatos, a los pietistas, a los ignorantes
ilustrados, a los dechados de sabiduría, pero jamás a los verdaderos psicólogos.
Aunque parezca increíble, entre el incienso de
la oración también se esconde el delito, entre las cadencias del verso también
se esconde el delito, bajo la cúpula sagrada de los santuarios más divinos el
delito se reviste con la túnica de la santidad y la palabra sublime.
Entre los fondos profundos de los santos más
venerables, viven los YOES del prostíbulo, del robo, del homicidio, etc.
Acompañantes infrahumanos escondidos entre las
insondables profundidades del inconsciente.
Mucho sufrieron por tal motivo los diversos
santos de la historia; recordemos las tentaciones de San Antonio, todas aquellas
abominaciones contra las que tuvo que luchar nuestro hermano Francisco de Asís.
Sin embargo, no todo lo dijeron esos santos, y
la mayor parte de los anacoretas callaron.
Uno se asombra al pensar que algunos anacoretas
penitentes y santísimos vivan en las colonias psicológicas de la prostitución y
del robo.
Empero son santos, y si todavía no han
descubierto esas cosas espantosas de su psiquis, cuando las descubran usarán
cilicios sobre su carne, ayunarán, posiblemente se azotarán, y rogarán a su
divina madre KUNDALINI elimine de su psiquis esos malos acompañantes que en esos
antros tenebrosos de su propio país psicológico los tiene metidos.
Mucho han dicho las distintas religiones sobre
la vida después de la muerte y el más allá.
Que no se devanen más los sesos las pobres
gentes sobre lo que hay allá del otro lado, más allá del sepulcro.
Incuestionablemente después de la muerte cada
cual continúa viviendo en la colonia psicológica de siempre.
El ladrón en los antros de los ladrones
continuará; el lujurioso en las casas de cita proseguirá como fantasma de mal
agüero; el iracundo, el furioso seguirá viviendo en las callejuelas peligrosas
del vicio y de la ira, allí también donde brilla el puñal y suenan los tiros de
las pistolas.
La esencia en sí misma es muy hermosa, vino de
arriba, de las estrellas y desgraciadamente está metida dentro de todos estos
yoes que llevamos dentro.
Por oposición la esencia puede desandar el
camino, regresar al punto de partida original, volver a las estrellas, mas debe
libertarse primero de sus malos acompañantes que la tienen metida en los
suburbios de la perdición.
Cuando Francisco de Asís y Antonio de Padua,
insignes maestros Cristificados, descubrieron dentro de su interior los yoes de
la perdición, sufrieron lo indecible y no hay duda de que a base de trabajos
conscientes y padecimientos voluntarios lograron reducir a polvareda cósmica a
todo ese conjunto de elementos inhumanos que en su interior vivían.
Incuestionablemente esos Santos se Cristificaron y regresaron al punto de
partida original después de haber sufrido mucho.
Ante todo es necesario, es urgente, inaplazable,
que el centro magnético que en forma anormal tenemos establecido en nuestra
falsa personalidad, sea transferido a la Esencia, así podrá iniciar el hombre
completo su viaje desde la personalidad hasta las estrellas, ascendiendo en
forma didáctica progresiva, de grado en grado por la montaña del SER.
En tanto continúe el centro magnético
establecido en nuestra personalidad ilusoria viviremos en los antros
psicológicos más abominables, aunque en la vida práctica seamos magníficos
ciudadanos.
Cada cual tiene un centro magnético que le
caracteriza; el comerciante tiene el centro magnético del comercio y por ello se
desenvuelve en los mercados y atrae lo que le es afín, compradores y mercaderes.
El hombre de ciencia tiene en su personalidad el
centro magnético de la ciencia y por ello atrae hacia sí todas las cosas de la
ciencia, libros, laboratorios, etc.
El Esoterista tiene en sí mismo el centro
magnético del esoterismo, y como quiera que esta clase de centro se torna
diferente a las cuestiones de la personalidad, indubitablemente se sucede por
tal motivo la transferencia.
Cuando el centro magnético se establece en la
conciencia, es decir, en la esencia, entonces se inicia el regreso del hombre
total a las estrellas.