CAPÍTULO 22
RETORNO Y RECURRENCIA
Un hombre es lo que su vida: si un hombre no
trabaja su propia vida, está perdiendo el tiempo miserablemente.
Solo eliminando los elementos indeseables que en
nuestro interior cargamos, podemos hacer de nuestra vida una obra maestra.
La muerte es el regreso al principio de la vida,
con la posibilidad de repetirla nuevamente en el escenario de una nueva
existencia.
Las diversas escuelas de tipo pseudo-esoterista
y pseudo-ocultista sostienen la teoría eterna de las vidas sucesivas, tal
concepto está equivocado.
La vida es una película; concluida la proyección,
enrollamos la cinta en su carrete y nos la llevamos para la eternidad.
El reingreso existe, el retorno existe; al
volver a este mundo proyectamos sobre el tapete de la existencia la misma
película, la misma vida.
Podemos sentar la tesis de existencias sucesivas;
más no de vidas sucesivas porque la película es la misma.
El ser humano tiene un tres por ciento de
esencia libre y un noventa y siete por ciento de esencia embotellada entre los
yoes.
Al retornar el tres por ciento de esencia libre
impregna totalmente al huevo fecundado; incuestionablemente continuamos en la
semilla de nuestros descendientes.
Personalidad es diferente; no existe ningún
mañana para la personalidad del muerto; esta última se va disolviendo lentamente
en el panteón o cementerio.
En el recién nacido solo se haya reincorporado
el pequeño porcentaje de esencia libre; esto da a la criatura auto-conciencia y
belleza interior.
Los diversos yoes que retornan dan vueltas
alrededor del recién nacido, van y vienen libremente por doquiera, quisieran
meterse dentro de la maquina orgánica más esto no es posible en tanto no se haya
creado una nueva personalidad.
Conviene saber que la personalidad es energética
y que se forma con la experiencia a través del tiempo.
Escrito está que la personalidad ha de crearse
durante los primeros siete años de la infancia y que posteriormente se robustece
y fortifica con práctica.
Los yoes empiezan a intervenir dentro de la
máquina orgánica poco a poco a medida que la nueva personalidad se va creando.
La muerte es una resta de quebrados, terminada
la operación matemática lo único que continúa son los valores (esto es los yoes
buenos y malos, útiles e inútiles, positivos y negativos).
Los valores en la luz astral se atraen y repelen
entre sí de acuerdo con las leyes de la imantación universal.
Nosotros somos puntos matemáticos en el espacio
que servimos de vehículos a determinadas sumas de valores.
Dentro de la humana personalidad de cada uno de
nosotros existen siempre estos valores que sirven de basamento a la ley de
Recurrencia.
Todo vuelve a ocurrir tal como sucedió mas el
resultado o consecuencia de nuestras acciones precedentes.
Como quiera que dentro de cada uno de nosotros
existen muchos yoes de vidas precedentes, podemos afirmar en forma enfática que
cada uno de aquellos es una persona distinta.
Esto nos invita a comprender que dentro de cada
uno de nosotros viven muchísimas personas con distintos compromisos.
Dentro de la personalidad de un ladrón existe
una verdadera cueva de ladrones; dentro de la personalidad de un homicida existe
todo un club de asesinos; dentro de la personalidad de un lujurioso existe una
casa de citas; dentro de la personalidad de cualquier prostituta existe todo un
prostíbulo.
Cada una de esas personas que dentro de nuestra
propia personalidad cargamos, tiene sus problemas y sus compromisos.
Gente viviendo dentro de la gente, personas
viviendo dentro las personas; esto es irrefutable, irrebatible.
Lo grave de todo esto es que cada una de esas
personas o yoes que dentro de nosotros vive, viene de antiguas existencias y
tiene determinados compromisos.
El yo que en la pasada existencia tuvo una
aventura amorosa a la edad de los treinta años, en la nueva existencia aguardará
tal edad para manifestarse y llegado el momento buscará a la persona de sus
ensueños, se pondrá en contacto telepático con la misma y al fin vendrá el
reencuentro y la repetición de la escena.
El yo que a la edad de cuarenta años tuvo un
pleito por bienes materiales, en la nueva existencia aguardará tal edad para
repetir la misma comidilla.
El yo que a la edad de veinticinco años se peleó
con otro hombre en la cantina o en el bar, aguardara en la nueva existencia la
nueva edad de veinticinco años para buscar a su adversario y repetir la tragedia.
Se buscan entre sí los yoes de uno y otro sujeto
mediante ondas telepáticas y luego se reencuentran para repetir mecánicamente lo
mismo.
Esta es realmente la mecánica de la Ley de
Recurrencia, esta es la tragedia de la vida.
A través de millares de años los diversos
personajes se reencuentran para revivir los mismos dramas, comedias y tragedias.
La humana persona no es más qué una máquina al
servicio de estos yoes con tantos compromisos.
Lo peor de toda esta cuestión es que todos estos
compromisos de la gente que llevamos en nuestro interior se cumplen sin que
nuestro entendimiento tenga previamente alguna información.
Nuestra personalidad humana en este sentido
parece un carro arrastrado por múltiples caballos.
Hay vidas de exactísima repetición, recurrentes
existencias que nunca se modifican.
En modo alguno podrían repetirse las comedias,
dramas y tragedias de la vida sobre la pantalla de la existencia, sino
existiesen actores.
Los actores de todas estas escenas son los yoes
que en nuestro interior cargamos y que vienen de antiguas existencias.
Si nosotros desintegramos a los yoes de la ira,
las escenas trágicas de la violencia concluyen inevitablemente.
Si nosotros reducimos a polvareda cósmica a los
agentes secretos de la codicia, los problemas de la misma finalizarán
totalmente.
Si nosotros aniquilamos a los yoes de la
lujuria, las escenas del prostíbulo y de la morbosidad finalizan.
Si nosotros reducimos a cenizas a los personajes
secretos de la envidia, los eventos de la misma concluirán radicalmente.
Si nosotros matamos a los yoes del orgullo, de
la vanidad, del engreimiento, de la auto-importancia, las escenas ridículas de
estos defectos finalizarán por falta de actores.
Si nosotros eliminamos de nuestra psiquis los
factores de la pereza, de la inercia y de la flojera, las horripilantes escenas
de esta clase de defectos no podrán repetirse por falta de actores.
Si nosotros pulverizamos los yoes asqueantes de
la gula, de la glotonería, finalizarán los banquetes, las borracheras, etc. por
falta de actores.
Como quiera que estos múltiples yoes se procesan
lamentablemente en los distintos niveles del ser, se hace necesario conocer sus
causas, su origen y los procedimientos Crísticos que finalmente habrán de
conducirnos a la muerte del mí mismo y a la liberación final.
Estudiar al Cristo íntimo, estudiar el
esoterismo Crístico es básico cuando se trata de provocar en nosotros un cambio
radical y definitivo; esto es lo que estudiaremos en próximos capítulos.