CAPÍTULO 24
TRABAJO CRÍSTICO
El Cristo íntimo surge interiormente en el
trabajo relacionado con la disolución del Yo Psicológico.
Obviamente El Cristo interior solo adviene en el
momento cumbre de nuestros esfuerzos intencionales y padecimientos voluntarios.
El advenimiento del fuego Crístico es el evento
más importante de nuestra propia vida.
El Cristo intimo se hace entonces cargo de todos
nuestros procesos mentales, emocionales, motores, instintivos y sexuales.
Incuestionablemente El Cristo íntimo es nuestro
salvador interior profundo.
Él siendo perfecto al meterse en nosotros
parecería como imperfecto; siendo casto parecería como sino lo fuese, siendo
justo parecería como sino lo fuese.
Esto es semejante a los distintos reflejos de la
luz. Si usa anteojos azules todo nos parecerá azul y si los usamos de color rojo
veremos todas las cosas de este color.
Él aunque sea blanco, visto desde afuera cada
cual le verá a través del cristal psicológico con que se le mira; por eso es que
las gentes viéndole, no le ven.
Al hacerse cargo de todos nuestros procesos
psicológicos, el Señor de perfección sufre lo indecible.
Convertido en hombre entre los hombres, ha de
pasar por muchas pruebas y soportar tentaciones indecibles.
La tentación es fuego, el triunfo sobre la
tentación es Luz.
El iniciado debe aprender a vivir peligrosamente;
así esta escrito; esto lo saben los Alquimistas.
El iniciado debe recorrer con firmeza la Senda
del Filo de la navaja; a uno y otro lado del difícil camino existen abismos
espantosos.
En la difícil senda de la disolución del Ego
existen complejos caminos que tienen su raíz precisamente en el camino real.
Obviamente de la senda del Filo de la Navaja se
desprenden múltiples sendas que no conducen a ninguna parte; algunas de ellas
nos llevan al abismo y a la desesperación.
Existen sendas que podrían convertimos en
majestades de tales o cuales zonas del universo, pero que de ningún modo nos
traerían de regreso al seno del Eterno Padre Cósmico Común.
Existen sendas fascinantes, de santísima
apariencia, inefables, desafortunadamente solo pueden conducimos a la involución
sumergida de los mundos infiernos.
En el trabajo de la disolución del Yo
necesitamos entregarnos por completo al Cristo Interior.
A veces aparecen problemas de difícil solución;
de pronto; el camino se pierde en laberintos inexplicables y no se sabe por
donde continua; solo la obediencia absoluta al Cristo Interior y al Padre que
está en secreto puede en tales casos orientarnos sabiamente.
La Senda del Filo de la Navaja está llena de
peligros por dentro y por fuera.
La moral convencional de nada sirve; la moral es
esclava de las costumbres; de la época; del lugar.
Lo que fue moral en épocas pasadas ahora resulta
inmoral; lo que fue moral en la edad media por estos tiempos modernos puede
resultar inmoral. Lo que en un país es moral en otro país es inmoral, etc.
En el trabajo de la disolución del Ego sucede
que a veces cuando pensamos que vamos muy bien, resulta que vamos muy mal.
Los cambios son indispensables durante el avance
esotérico, más las gentes reaccionarias permanecen embotelladas en el pasado; se
petrifican en el tiempo y truenan y relampaguean contra nosotros a medida que
realizamos avances psicológicos de fondo y cambios radicales.
La gente no resiste los cambios del iniciado;
quieren que éste continúe petrificado en múltiples ayeres.
Cualquier cambio que el iniciado realizare es
clasificado de inmediato como inmoral.
Mirando las cosas desde este ángulo a la luz del
trabajo Crístico, podemos evidenciar claramente la ineficacia de los diversos
códigos de moral que en el mundo se han escrito.
Incuestionablemente El Cristo manifiesto y, sin
embargo, oculto en el corazón del hombre real; al hacerse cargo de nuestros
diversos estados psicológicos, siendo desconocido para las gentes es de hecho
calificado como cruel, inmoral y perverso.
Resulta paradójico que las gentes adoren al
Cristo y, sin embargo, le acomoden tan horripilantes calificativos.
Obviamente las gentes inconscientes y dormidas
solo quieren un Cristo histórico, antropomórfico, de estatuas y dogmas
inquebrantables, al cual puedan acomodar fácilmente todos sus códigos de moral
torpe y rancia y todos sus prejuicios y condiciones.
Las gentes no pueden concebir jamás al Cristo
Intimo en el corazón del hombre; las multitudes solo adoran al cristo estatua y
eso es todo.
Cuando uno habla a las multitudes, cuando uno
les declara el crudo realismo del Cristo revolucionario; del Cristo rojo, del
Cristo rebelde, de inmediato recibe calificativos como los siguientes: blasfemo,
hereje, malvado, profanador, sacrílego, etc.
Así son las multitudes, siempre inconscientes;
siempre dormidas. Ahora comprenderemos porqué el Cristo crucificado en el
Gólgota exclama con todas las fuerzas de su alma: ¡Padre mío perdónalos porque
no saben lo que hacen!
El Cristo en sí mismo siendo uno, aparece como
muchos; por eso se ha dicho que es unidad múltiple perfecta. Al que sabe, la
palabra da poder; nadie la pronunció, nadie la pronunciará, sino solamente aquel
que LO TIENE ENCARNADO.
Encarnarlo es lo fundamental en el trabajo
avanzado del Yo pluralizado.
El señor de perfección trabaja en nosotros a
medida que nos esforzamos conscientemente en el trabajo sobre sí mismos.
Resulta espantosamente doloroso el trabajo que
el Cristo Intimo tiene que realizar dentro de nuestra propia psiquis.
En verdad que nuestro Maestro interior debe
vivir todo su vía crucis en el fondo mismo de nuestra propia alma.
Escrito está: "A Dios rogando y con el mazo
dando". También está escrito: "Ayúdate que yo te ayudaré".
Suplicar a la divina Madre Kundalini es
fundamental cuando se trata de disolver agregados psíquicos indeseables, empero
el Cristo Intimo en los trasfondos más profundos del mí mismo, opera sabiamente
de acuerdo con las propias responsabilidades que él hecha sobre sus hombros.