CAPÍTULO 27
LOS YOES CAUSA
Los múltiples elementos subjetivos que
constituyen el ego tienen raíces causales.
Los yoes causas están vinculados a las leyes de
Causa y Efecto. Obviamente no puede existir causa sin efecto, ni efecto sin
causa; esto es incuestionable, indubitable.
Sería inconcebible la eliminación de los
diversos elementos inhumanos que en nuestro interior cargamos sino elimináramos
radicalmente las causas intrínsecas de nuestros defectos psicológicos.
Obviamente los yoes causas se hallan íntimamente
asociados a determinadas deudas Kármicas.
Solo el arrepentimiento más profundo y los
respectivos negocios con los señores de la ley, pueden darnos la dicha de lograr
la desintegración de todos esos elementos causales que en una u otra forma
pueden conducirnos a la eliminación definitiva de los elementos indeseables.
Las causas intrínsecas de nuestros errores,
ciertamente pueden ser erradicadas de sí mismos gracias a los eficientes
trabajos del Cristo Intimo.
Obviamente los yoes causas suelen tener
complejidades espantosamente difíciles.
Ejemplo: Un estudiante esoterista podría ser
defraudado por su instructor y en secuencia tal neófito se tornaría escéptico.
En este caso concreto el yo causa que originara tal error, solo podría
desintegrarse mediante el supremo arrepentimiento íntimo y con negociaciones
esotéricas muy especiales.
El Cristo íntimo dentro de nosotros mismos
trabaja intensivamente eliminando a base de trabajos concientes y padecimientos
voluntarios todas esas causas secretas de nuestros errores.
El señor de perfecciones debe vivir en nuestras
intimas profundidades todo el drama cósmico.
Uno se asombra al contemplar en el mundo causal
todas las torturas por las que pasa el Señor de Perfecciones.
En el mundo causal El Cristo secreto pasa por
todas las amarguras indecibles de su Vía crucis.
Indubitablemente Pilatos se lava las manos y se
justifica pero al fin condena el adorable a la muerte de cruz.
Resulta extraordinario para el iniciado vidente
el ascenso al calvario.
Indubitablemente la conciencia solar integrada
con el Cristo Intimo, crucificada en la cruz majestuosa del calvario, pronuncia
frases terribles que a los seres humanos no les es dable comprender.
La frase final (Padre mío en tus manos
encomiendo mi espíritu), va seguida da rayos y truenos y grandes cataclismos.
Posteriormente el Cristo íntimo después de la
desclavación es depositado en su Santo Sepulcro.
Mediante la muerte el Cristo íntimo mata a la
muerte. Mucho más tarde en el tiempo el Cristo íntimo debe resucitar en nosotros.
Incuestionablemente la resurrección Crística
viene a transformarnos radicalmente.
Cualquier Maestro Resurrecto posee poderes
extraordinarios sobre el fuego, el aire, las aguas y la tierra.
Indubitablemente los Maestros Resurrectos
adquieren la inmortalidad, no solamente psicológica sino también corporal.
Jesús El Gran Kabir todavía vive con el mismo
cuerpo físico que tuvo en la tierra Santa; El Conde San Germán que transmutaba
el plomo en oro y hacía diamantes de la mejor calidad durante los siglos XV,
XVI, XVII, XVIII, etc., aún vive todavía.
El enigmático y poderoso Conde Cagliostro que
tanto asombrara a Europa con sus poderes durante los siglos XVI, XVII y XVIII es
un Maestro Resurrecto y todavía conserva su mismo cuerpo físico.