CAPÍTULO 28
EL SUPER HOMBRE
Un Código de Anahuac ha dicho: "Los Dioses
crearon a los hombres de madera y después de haberlos creado los fusionaron con
la divinidad"; más luego añade: "No todos los hombres logran integrarse con la
divinidad".
Incuestionablemente lo primero que se necesita
es crear al hombre antes de poder integrarlo con lo real.
El animal intelectual equivocadamente llamado
hombre en modo alguno es el hombre.
Si nosotros comparamos al hombre con el animal
intelectual, podremos entonces verificar por sí mismos el hecho concreto de que
el animal intelectual aunque físicamente se parezca al hombre, psicológicamente
es absolutamente distinto.
Desafortunadamente todos piensan erróneamente,
suponen ser hombres, se califican de tales.
Siempre hemos creído que el hombre es el rey de
la creación; el animal intelectual hasta la fecha presente no ha demostrado ser
siquiera rey de sí mismo; si no es rey sus propios procesos, psicológicos, si no
puede dirigirlos a voluntad, mucho menos podrá gobernar la naturaleza.
En modo alguno podríamos aceptar al hombre
convertido en esclavo, incapaz de gobernarse a sí mismo y convertido en juguete
de las fuerzas bestiales de la naturaleza.
O se es rey del universo o no se es; en el
último de estos casos incuestionablemente queda demostrado el hecho concreto de
no haber llegado todavía al estado de hombre.
Dentro de las glándulas sexuales del animal
intelectual el sol ha depositado los gérmenes para el hombre.
Obviamente tales gérmenes pueden desarrollarse o
perderse definitivamente.
Si queremos que tales gérmenes se desarrollen,
se hace indispensable cooperar con el esfuerzo que el sol está haciendo para
crear hombres.
El hombre legítimo debe trabajar intensivamente
con el propósito evidente de eliminar de sí mismo los elementos indeseables que
en nuestro interior cargamos.
Si el hombre real no eliminara de sí mismo tales
elementos, fracasaría lamentablemente; se convertiría en un aborto de la Madre
Cósmica, en un fracaso.
El hombre que verdaderamente trabaje sobre sí
mismo con el propósito de despertar conciencia, podrá integrarse con lo divinal.
Ostensiblemente el hombre solar integrado con la
divinidad, se convierte de hecho y por derecho propio en SUPER-HOMBRE.
No es tan fácil llegar al SUPER-HOMBRE.
Indubitablemente el camino que conduce al SUPER-HOMBRE está más allá del bien y
del mal.
Una cosa es buena cuando nos conviene y mala
cuando no nos conviene. Entre las cadencias del verso también se esconde el
delito. Hay mucha virtud en el malvado y mucha maldad en el virtuoso.
El camino que conduce al SUPER-HOMBRE es la
Senda del Filo de la Navaja; esta senda está llena de peligros dentro y por
fuera.
El mal es peligroso, el bien también es
peligroso; el espantoso camino está más allá del bien y del mal, es
terriblemente cruel.
Cualquier código de moral puede detenernos en la
marcha hacia el SUPER-HOMBRE. El apego a tales o cuales ayeres, a tales o cuales
escenas puede detenernos en el camino que llega hasta el SUPER-HOMBRE.
Las normas, los procedimientos, por muy sabios
que sean, si se encuentran enfrascados en tal o cual fanatismo, en tal o cual
prejuicio, en tal o cual concepto puede obstaculizarnos en el avance hacia el
SUPER-HOMBRE.
El SUPER-HOMBRE conoce lo bueno de lo malo y lo
malo de lo bueno; empuña la espada de la justicia cósmica y está más allá del
bien y del mal.
El SUPER-HOMBRE habiendo liquidado en sí mismo
todos los valores buenos y malos, se ha convertido en algo que nadie entiende,
es el rayo, es la llama del espíritu universal de vida resplandeciendo en el
rostro de un Moisés.
En cada tienda del camino algún anacoreta ofrece
sus dádivas al SUPER-HOMBRE más éste continúa su camino mas allá de las buenas
intenciones de los anacoretas.
Lo que dijeron las gentes bajo el pórtico
sagrado de los templos tiene mucha belleza, pero el SUPER-HOMBRE está más allá
de los dichos piadosos de las gentes.
El SUPER-HOMBRE es el rayo y su palabra es el
trueno que desintegra a los poderes del bien y del mal.
El SUPER-HOMBRE resplandece en las tinieblas,
más las tinieblas odian al SUPER-HOMBRE.
Las multitudes califican al SUPER-HOMBRE de
perverso por el hecho mismo de que no cabe dentro de los dogmas indiscutibles,
ni dentro de las frases piadosas, ni dentro de la sana moral de los hombres
serios.
Las gentes aborrecen al SUPER-HOMBRE y le
crucifican entre criminales porque no lo entienden, porque lo prejuzgan,
mirándolo a través del lente psicológico de lo que se cree santo aunque sea
malvado.
El SUPER-HOMBRE es como la centella que cae
sobre los perversos o como el brillo de algo que no se entiende y que se pierde
después en el misterio.
El SUPER-HOMBRE ni es santo ni es perverso, está
más allá de la santidad y de la perversidad; más las gentes le califican de
santo o de perverso.
El SUPER-HOMBRE brilla por un momento entre las
tinieblas de este mundo y luego desaparece para siempre.
Dentro del SUPER-HOMBRE resplandece
abrasadoramente el Cristo Rojo. El Cristo revolucionario, el Señor de la Gran
Rebelión.