La Rosa y el
Sapo
Había una vez una rosa roja muy
bella, se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin
embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. Se dio cuenta de que
al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro, y que era por eso que
nadie se acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto le ordena al
sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo: Esta bien, si así lo
quieres. Poco tiempo después el sapo pasa por donde estaba la rosa y se
sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo
entonces:
Vaya que te ves
mal. ¿Que te pasa? La rosa contesta: Es que desde que te fuiste las hormigas me
han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual. El sapo solo contesta:
Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre
eras la más bella del jardín.
Los Ciegos y el Elefante
Se hallaba el Buda en el
bosque de Jeta, cuando llegaron numerosos ascetas de diferentes escuelas y
tendencias filosóficas. Algunos decían: -El mundo es eterno. Eso es lo cierto y
todo lo demás es un engaño. Otros aseguraban: -El mundo
no es eterno y esta es la única verdad. Unos aseveraban que el mundo es infinito
y otros que el mundo es finito. Unos, que el cuerpo y el alma son lo mismo, y
otros, que son dos realidades diferentes. Algunos, que el Buda tiene existencia
tras la muerte, y otros, que carece de tal. Otros, que el Buda ni existe ni no
existe tras la muerte. Y así cada uno de ellos sostenía sus puntos de vista, en
la convicción de que los suyos eran los verdaderos y los demás los falsos. Así
pasaban su tiempo en cerradas polémicas e incluso llegaban a la indignación y el
insulto. Todo ello fue oído y visto por un grupo de monjes, que después le
relataron al Bienaventurado lo sucedido. Buda comentó: -Monjes, esos disidentes
son ciegos que no ven, que desconocen tanto la verdad como la no verdad, tanto
lo real como lo no real. Ignorantes, polemizan y se enzarzan como me habéis
relatado. Ahora os contaré un suceso de los tiempos antiguos. Había un rajá que
mandó reunir a todos los ciegos que había en Savathi y pidió que les pusieran un
elefante. Así se hizo. Se les instó a los ciegos a que tocasen el elefante. Uno
tocó la trompa, otro el colmillo, otro la pata, otro la cabeza y así
sucesivamente. Después el rajá se dirigió a los ciegos para preguntarles: -¿Qué
os ha parecido el elefante que habéis tocado? -Un elefante se parece a un
cacharro Contestaron los que habían tocado la cabeza. -Es como un cesto de
aventar -aseguraron los que hubieron palpado la oreja. -Es una reja de arado
-sentenciaron los que habían tocado el colmillo. -Es un granero -insistieron los
que tocaron el cuerpo. Y así sucesivamente. Y cada uno, empeñado en su creencia,
empezaron a discutir y querellarse entre ellos.
Umberto
Levaggi. Uruguay
